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 EXTRA: Sólo por ella

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DaphneArs
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MensajeTema: EXTRA: Sólo por ella   Mar Jun 18, 2013 6:54 pm

EXTRA: SÓLO POR ELLA
DAPHNE ARS
 
Robert no se tomaría ninguna licencia por duelo, legalmente él era simplemente un elemento más del departamento de traducciones y no el esposo de la jefa, así que de hecho, no tenía derecho a tomarse ningunos días. Sin embargo, el mismísimo Wathleen lo había llamado para preguntarle cuántos días se tomaría, como si él no tuviese que regirse por las reglas de la empresa, como si por ser el amante de Marta le diera un derecho especial. Era posible que Wathleen lo estuviese encaminando hacia una trampa, eso de “tómate el tiempo que quieras” podría estar escondiendo un “así puedo justificar tu despido por abandono del puesto de trabajo” Bueno, no era necesario. Él lo había pensado suficiente: renunciaría.
Mientras que el ascensor llegaba al piso 10 de la editorial, golpeó una palma de la mano con la carpeta que llevaba en la otra, donde estaban dos copias de su carta de renuncia. Irrevocable, por supuesto. Era absurdo seguir allí, en ese lugar había conocido a Marta, en ese lugar la había admirado, y sin duda, en ese lugar la había amado.
Era muy temprano, tanto que ni siquiera la secretaria de Wathleen había llegado, pero el jefe sí, había visto el auto en el estacionamiento, así que no había forma de evitar ese encuentro. Abrió la carpeta y revisó una última vez la carta de renuncia, se detuvo en la fecha de ingreso… Y como una película, recordó la primera vez que estuvo en el cubículo de Marta…
 
–Por favor, siéntese, señor Gale –Le dijo Marta Broccacci, la jefa del departamento de traducciones donde lo habían llamado poco después de haber dejado su síntesis curricular, la mujer se apartó del rostro el cabello que se le salía del gancho que llevaba en la cabeza, como si se lo hubiese cortado recientemente y no estuviese acostumbrada aún al corte, le había ofrecido café, pero él se negó amablemente, ella se acomodó en la silla mientras revisaba los certificados que avalaban los cursos y grados educativos que había hecho, una suerte que el certificado de griego se lo hubiesen dado hacía 5 meses, de habérselo dado un poco después lo habría perdido, se negó a pensar en ello.
–Bien, todo en orden. Los idiomas que maneja son bastante convenientes para el departamento –Dijo mirando de nuevo la lista–. ¿Cómo cree que se encuentre a nivel de traducción?
 
No se aclaró la garganta, porque eso podía mostrar inseguridad, lo que sí hizo fue tragar un poco, porque estaba a punto de salivar por la mujer, y no es que fuese una de esas mujeres súper producidas de las que se había hecho adepto en los últimos tiempos, pero esta mujer de piel clara como la crema, cabello negro azabache y ojos oscuros era una obra de arte. Para admirar desde todos los ángulos.
 
–En la universidad vimos un semestre entero dedicado a métodos de traducción, y actualmente estoy haciendo un sabatino técnico en el área –Al menos su voz no sonó como si estuviese jadeando, pero tenía el corazón acelerado.
–Bastante conveniente, señor Gale –Señaló–. Bien, ¿Cree que se sentiría cómodo en el área?
 
¿Cómodo? Ya se quería poner bien cómodo con ella, empezarían por quitarse la ropa, como para estar muy, MUY cómodos.
 
–Por supuesto, siempre pensé que mi objetivo final eran las traducciones.
–Bien –Le extendió una hoja–. Esto es una prueba diagnóstica corta, no se sienta presionado, es sólo un requisito más. Tómese su tiempo –Robert aceptó la hoja sin prestarle atención al papel, estaba idiotizado con el tono de voz de Marta Broccacci, acorde con ella, un tono suave pero denotado de autoridad, y la forma en que sus labios se movían era… hipnótica–.¿Está de acuerdo, señor Gale?
 
Él tuvo que parpadear y sacudir un poco la cabeza.
 
–Sí, está bien.
–Regreso en un rato.
 
Marta se puso de pie y le ofreció un portalápiz repleto, él tomó un lapicero en vez de un grafito, y a ella pareció gustarle esa decisión, así que le sonrió de vuelta. Entonces algo en Marta cambió, se tensó un poco, dio la vuelta al cubículo y salió de él, Robert no pudo evitar mirarla, de espaldas también tenía con que atraer su atención. Tuvo que reprimirse y ponerse a la altura de las circunstancias, estaba en medio de una entrevista de trabajo. Un trabajo que desde hacía 5 minutos deseaba con todas sus fuerzas.
 
Jamás en su vida había hecho una traducción tan pronto, sí, quería impresionar a Marta, eso seguro. Revisó de nuevo la hoja y todo le indicaba que estaba correcto en italiano, español, griego y portugués. Se pasó las manos por el cabello y se puso de pie dispuesto a buscar a Marta, y la encontró, acompañada de otra mujer, una rubia. Él caminó hacia ellas, y la rubia hacia él, supuso que a su cubículo. Dios, la mujer era sumamente hermosa. Intercambiaron una mirada de evaluación y por una extraña razón por su mente pasó la frase “Nah, eso nunca va a pasar”, sonrió, y ella le respondió, y sin detenerse llegó hasta Marta, que dejaba una taza sobre la mesa.
 
–Terminé –Dijo muy pagado de sí.
 
Marta aceptó el papel sin mirarlo. Algo iba mal.
 
–Gracias por haber aplicado, señor Gale –Le extendió la mano que gustosamente aceptó, pero su mente gritaba que debía presionar.
–¿Me darán los resultados de la prueba pronto o espero su llamada? –Vamos, estaba capacitado para el puesto, y haría 1000 cursos más si eso querían, pero necesitaba quedar en ese trabajo, lo necesitaba.
            –Lo sie… –Comenzó a decir Marta y miró el papel, tras unos pocos segundos, en los que Robert no sintió el latir de su corazón. Ella volvió a mirarlo.
–¿Cuál es su disponibilidad para empezar?
–Inmediata –Contestó sin dudarlo.
–Bienvenido, señor Gale. Bienvenido a Illusions.
 
Sonrió más que satisfecho, estaba contento, después de mucho tiempo estaba realmente contento con algo, extendió la mano nuevamente, y le gustó. Le gustó tener las manos entre la suya.
 
2 semanas, le tomó sólo 2 semanas caer completa, irracional y locamente enamorado de esa mujer, la mujer responsable de hacerlo tocar las estrellas…
 
–…Y la que ahora te envió al infierno –Murmuró el Robert de ahora, casi 3 años después de esa mañana, estaba destruido, roto por dentro, se secó los ojos que ardieron con las lágrimas que él se obligó a retener.  Tomó aire, y llamó a la puerta.
–Adelante –Sólo oír la voz de Wathleen le hacía querer comenzar a dar puñetazos y patadas. Una nueva inhalación y abrió la puerta, la oficina de W era tal cual él: una mierda grande, exagerada y ostentosa –. Gale.
–Wathleen –Saludó. El tipo también respiró profundo, el odio mutuo era palpable e incluso divertido.
–Por favor, siéntate –Robert caminó hasta el escritorio de madera solida. Odiaba a ese tipo. Y quería acabar rápido con eso, y cuando Wathleen aceptara su renuncia él se daría media vuelta y no volvería a poner un pie en Illusions. Estiró la carpeta hasta Wathleen sin decir una palabra. Éste la aceptó y comenzó a leer, una media sonrisa se dibujó en su puto rostro, ¿Acaso no podía tener su satisfacción y rompérsela a puño limpio?
–Es interesante, Gale. Hace unos meses habría dado mi auto por tener esto en mis manos –Vaya, W se quitaba la máscara.
–Estoy bastante seguro de eso.
–Sí, estamos bien ubicados, entonces –Dijo, Robert deseó que aquel tipo dejara el circo y así podría largarse de allí.
–Pero me temo que no puedo aceptar tu renuncia.
–¿Qué? –Preguntó soltando un bufido.
 
Wathleen tomó una carpeta marrón de sobre su escritorio, y la estiró hasta él. Robert la tomó seguro como el demonio que era su despido, pero tuvo que leer dos veces.
 
–Esto es una broma ¿no?
–En absoluto.
 
Robert negó con la cabeza, y escupió lo que tenía para decir.
 
–No nos engañamos, tú me odias, y créeme, el maldito sentimiento en mutuo. Me quieres fuera de esta empresa, y yo me quiero ir. Dejémonos de juegos.
–Me agrada tu honestidad.
–Bien, entonces toma mi renuncia y déjame ir.
–No puedo.
–¿Cómo que no puedes? ¡Renuncié! Y ambos deberíamos estar felices con eso.
–Sí, pero no. Necesito que aceptes.
–Wathleen, hay gente más capacitada que yo para ese puesto, Hellen Taylor era la segunda al mando, era la mano derecha de… su mano derecha. Esto es absurdo. Y mi respuesta es: No. Absolutamente no.
–Pensaba lo mismo, pero me equivoqué en muchas cosas con Marta.
 
Robert cerró los ojos y apretó los puños para no golpear al hijo de puta por atreverse a nombrar a su mujer.
 
–¿Sabes qué? Estoy cansado de esto. Tienes mi renuncia, y me voy ahora mismo –Se puso de pie y fue directamente hacia la puerta, pero antes de salir Wathleen habló.
–Esto no es una petición, Gale. Es la última voluntad de ella.
 
Él agradeció tener una mano en la puerta porque le pareció que eso fue lo único que lo mantuvo de pie en ese momento. Definitivamente eso debía ser una broma.
 
–Siéntate –Esta vez no fue una opción, sino una orden. Robert dirigió sus pies de nuevo hasta el frente de Wathleen–. Ella me lo pidió, como un favor personal, y créeme, de no ser por eso, estaría regocijándome en la maldita carta de renuncia, que lamentablemente, no te acepto.
–Dime cuales fueron sus palabras exactas –Exigió, eso era una pesadilla, Marta no podía haberle hecho eso.
–¿Qué clase de masoquista eres, Gale? No puedo decirte con exactitud sus palabras, pero en esencia, es que temía que hicieras algo estúpido, y tu carta de renuncia demuestra que tenía razón. Ella quería que tuvieras responsabilidades, qué más que nombrarte jefe del departamento.
 
Robert negó de nuevo, eso estaba mal.
 
–Pero Hellen…
–No quiero sonar grosero, pero está más cerca de la jubilación que de un ascenso, además estoy seguro que conocías a la perfección el trabajo que hacía Marta.
 
Hubo un duelo de miradas después de ese comentario.
 
–¿Percibo resentimiento?
–Sabes que no te la merecías, Marta era demasiada mujer para ti.
 
“No hagas una estupidez”, pudo escuchar decir a Marta. Soltó una risa irónica.
 
–Tienes razón, la conocí a la perfección –Dijo y tomó la carpeta otra vez, tanteó en su bolsillo el lapicero con el que había firmado la renuncia, y esta vez firmó el documento en el que lo nombraban jefe del departamento de traducciones de Illusions.
 
Sin mirar a Wathleen se dio la vuelta otra vez y fue hasta la puerta.
 
–Respiraré en tu nuca, Gale. Ve con cuidado.
 
Él sonrió.
 
–No será necesario, fui entrenado por Marta Broccacci… –El “supéralo” estaba implícito. Cerró la puerta y la asistente de W ya estaba allí, con el altavoz encendido.
–Envía el memo, por favor –Dijo la voz graneada de Wathleen.
 
La chica colgó.
 
–Felicidades, señor Gale.
 
Él asintió, apretó el botón del ascensor y Dios bendito, abrió de inmediato.
 
Cuando estuvo solo en aquel aparato, recordó, como si hubiese sido en otra vida, a Marta presa del éxtasis cuando él la había encerrado allí y con desesperación se había internado en sus piernas, todavía veía claramente la expresión de sorpresa de ella cuando la había arrinconado, y luego esas hermosas manos se le hundieron en el cabello para instarlo, se tuvo que apoyar de la pared pues el aire parecía más denso; ya no sólo tendría que lidiar con un apartamento impregnado de Marta, sino que además, ahora él tomaría su lugar.
 
Bueno, esa era la única maldita manera de mantenerlo allí, Marta era muy astuta, sabía que no había forma que él dijera que no a alguna de sus locas peticiones, lo haría sólo por ella… Sólo por ella.
 
 
 
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